La urgencia del cassete: una conversación con Jorge Canales, autor del libro “Punk chileno 1986-1996, 10 años de autogestión” (Parte II)

Comparte este artículo:

A mediados de los 80s el punk chileno aún define cuáles son sus fronteras musicales. Con la dictadura encima y sin referentes internacionales, la escena local transita por sonidos experimentales que incluyen sintetizadores y cajas de ritmo en la búsqueda de una identidad propia. Hacia el final del régimen militar comienza una nueva etapa: la urgencia por dejar un registro. Es la urgencia del cassette.

Por Felipe Gómez Gálvez
felipe@chilepunk.cl

La primera oleada de bandas punks chilenas intenta encontrar espacios en los que presentar su música en un Chile que permanece sumido en el oscurantismo cultural instalado por la dictadura.

“En ese entonces llegaba al país muy poca información desde el exterior. Recordemos que las fronteras estaban cerradas para muchos artistas internacionales. No había muchos referentes musicales a los que echar mano. Por eso, se vivía un clima de experimentación más que de acoplamiento a lo que estaba pasando en la escena extranjera”, explicaba Jorge Canales en la primera parte de esta entrevista.

El autor agrega que esta experimentación tenía relación también porque las presentaciones musicales se realizaban en conjunto con otras expresiones artísticas. “No había muchos espacios. Entonces las tocatas se hacían junto con presentaciones de poesía, actos de teatro. Incluso se mezclaban con la agrupación Contingencia Psicodélica en esa época”, dice.

¿Y cuándo llegamos al sonido más clásico de guitarras, bajo y baterías?

-Pienso que eso ocurre con la llegada de espacios como la sala Lautaro o el Galpón Manuel Plaza. Ahí surge una vinculación con la escena local de Thrash Metal. Así nace este sonido más clásico del punk en Chile. Aparecen otros lugares interesantes también. Está, por ejemplo, El Trolley, donde tocan los Fiskales Ad-Hok por primera vez. También tocan ahí Los Prisioneros. Por otro lado aparece también Matucana 19.

-Hacia el final de la década de los 80s se cierran varios procesos históricos. Pinochet empieza a despedirse y se asoma la democracia. ¿Qué pasaba en la escena local en ese momento de acuerdo a tu investigación?

-Entre otras cosas, identifico que acá comienza la urgencia de algunas bandas por publicar un cassette. Antes había canciones sueltas en cassettes que corrían de mano en mano. Pero hacia fines de los 80s aparece la emergencia por grabar y dejar un registro. Las bandas empiezan a preocuparse de tener un cassette con carátula, con canciones identificables… Circularon varias carátulas anti Pinochet. Aquí aparecen Los KK con su cassette “KK Urbana”, Kaos en el 89, los 8 Bolas con Al Servicio, que es del 89 y también aparece Anarkía con el cassette censurado. Todos ellos son de José Luis Corral, salvo los 8 Bolas, que graban en Viña del Mar y Valparaíso.

(La carátula de KK Urbana, cassette de Los KK de 1988).

El sonido del punk chileno

-Creo que existe una diferencia estética entre el punk chileno y el argentino. Me refiero al contenido de las letras, pero también a la música. Quizás porque allá hay mucha influencia de los Ramones. Acá en cambio, pareciera que el punk chileno tiene ondulaciones super extrañas: es más oscuro, más político ¿A qué podrías atribuir estas características tan propias de Chile?

-Es interesante este punto. Afirmándome un poco en lo que dices, creo que en la escena argentina hay una admiración importante por Ramones y en general, por la escena norteamericana. Acá me refiero a las construcciones discursivas que tienen más que ver con la bohemia y el desplazamiento que se desarrolla desde el margen. Es interesante que la construcción discursiva de la escena argentina tiene más que ver con… no sé, estar tomando una cerveza o que la policía te viene a molestar porque estás tomando. Son ese tipo de letras. En cambio, el discurso de la escena local suele ser mucho más político. Tiene que ver obviamente con nuestros contextos históricos: en Argentina la dictadura había acabado a principios de los 80s…

-Y acá seguíamos en dictadura…

-Sipoh, acá cuando empieza el punk estábamos todavía en dictadura o recién saliendo de la dictadura. Todavía había mucha represión importante frente a los espacios donde se desarrollaban estas bandas. Por ende, el componente político es algo importante de destacar en estas agrupaciones nacionales. Y esto tal vez lo podemos comparar con Inglaterra en los setentas, donde la politica juega un papel importante y eso se refleja, por ejemplo, en las letras de The Clash. Madness, The Specials que fueron bien rupturistas. Hay mucha más conciencia social en esta música. Muchos jóvenes jamaiquinos llegan a los suburbios de Inglaterra en los 70s después de la independencia de su país. Ellos forman la clase obrera.

Por eso, creo que la construcción discursiva chilena, acompañada de su sonoridad, es muy diferente de lo que pasaba en Argentina. Así como Ramones son el referente más importante en Argentina, The Clash podría serlo en la escena chilena , al menos en sus inicios. Sin lugar a dudas, es una banda referente del movimiento local.

– Esta construcción discursiva del punk chileno con mensajes críticos contra la dictadura ¿se tradujo en algún encuentro o episodio violento o represivo del régimen contra las bandas locales?

-A mí me da la impresión de que finalmente todos estos artistas punks estaban acostumbrados a que se los llevaran presos o que los pacos interrumpieran las tocatas. Al final, muchos sabían que iban a pasar la noche en el calabozo y que al día siguiente iban a salir. Esto se repetía tocata tras tocata y los punks no dramatizaban esto. Era más como una humorada. No se produjo un trauma con la dictadura. Había una especie de acostumbramiento.

-Entonces los milicos no alcanzaron a percibir esto como una amenaza…

-Creo que no. Es diferente cuando uno aborda el Canto Nuevo, la Nueva Canción Chilena, que se desarrollaba principalmente en peñas. Ahí la dictadura sí estaba muy presente. Habían soplones de la CNI o la DINA infiltrados. Se hacían controles de identidad y después llegaban a tu casa y allanaban. Podías aparecer en una lista negra por frecuentar estos espacios. El Canto Nuevo es una escena que estaba compuesta por adultos. Hablamos de personas entre 20 y 30 años. En los ochenta, los punks eran cabros chicos de 15, 16 años. Tal vez algun pasaba los 18 años. Entonces, para los pacos estos eran eso, cabros chicos. Los pacos no entendían mucho de esto tampoco. Por eso pienso que para la autoridad el movimiento punk no alcanzó a ser una amenaza real al establishment. Por lo menos en mi investigación no alcancé a encontrar información de que estos cabros chicos recibieran amenazas de la CNI o la DINA.

-¿Qué diferencia percibes entre el discurso de las bandas punks en el tránsito de los 80s a los 90s? ¿Existe un cambio discursivo entre la dictadura y la llegada a la “democracia”?

-En los 80s se percibe un retrato de lo que pasa en la calle: represión, toque de queda, desapariciones. Es muy gráfico e interensante darse cuenta -con la distancia que dan los años- cómo se palpaba y se vivía ese clima político y social en la calle. En los 80s se percibe la dictadura de manera muy vivencial. En los 90s las perspectivas se abren un poco más. Y hay un tema relevante que aparece de manera transversal y que es la defensa de los pueblos originarios y en especial, la causa mapuche. Esto no se tocaba en los ochentas. Se abre un flanco interesante donde se empiezan a abordar nuevas temáticas. A medidos de los noventas aparecen temáticas más globales. En los noventas la sociedad sufre el fenómeno de la globalización. Chile ya está más conectado de manera directa con el mundo. En los 80s todo es muy local. Se trataba de graficar lo cotidiano, lo que pasa en el barrio, la esquina de la casa, en la calle. En los 90s la construcción discursiva se abre a otras temáticas.

El libro

El libro “PUNK Chileno 1986-1996, 10 años de autogestión”, fue escrito por el musicólogo Jorge Canales y se presentó en septiembre de 2019 bajo la editorial Camino, en colaboración directa con la Corporación Fonográfica Autónoma (CFA).

(El libro contiene un CD editado por la CFA con la música punk local).

Un texto que tiene su origen en un trabajo académico pero que termina configurando un libro que registra y aporta antecedentes desconocidos sobre un fenómeno musical y sociocultural que, a la fecha, ha sido escasamente estudiado y documentado en Chile. Se encuentra disponible a través de la web de Editorial Camino: www.editorialcamino.cl.

Comparte este artículo:

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *