Hojas de Parra: la obra teatral que le hinchó las pelotas a la dictadura

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Nicarnor Parra

Coescrita por los actores Jaime Vadell y José Manuel Salcedo a fines de 1976, el montaje fue un éxito de audiencia en las pocas presentaciones que tuvo. Su exhibición molestó a la dictadura de Pinochet y la carpa de la compañía La Feria terminó quemada en extrañas circunstancias.

Por Felipe Gómez Gálvez

felipe@chilepunk.cl

José Manuel Salcedo y Jaime Vadell caminan apurados por Providencia. Uno avanza desde el poniente. El otro va en la dirección opuesta. En la intersección de las calles Marchant Pereira con Providencia, al fin se encuentran. Son las 8 de la mañana de un día indeterminado a principios de marzo de 1977. Vadell se toma la cabeza con ambas manos y Salcedo se queda inmóvil por unos segundos.

-¿Qué vamos a hacer ahora? – pregunta Salcedo.

-Cagamos, poh – responde Vadell.

Frente a ellos yacen los restos calcinados de la carpa donde unos meses antes había comenzado a funcionar la compañía de teatro La Feria, fundada justo después de que ambos actores se distanciaran de la compañía ICTUS. Nunca hubo una versión oficial de lo que ocurrió. Nunca se aclararon los hechos. Pero ellos sabían bien lo que había pasado. “Esto fue un trabajo de agentes de la dictadura”, dice categóricamente José Manuel Salcedo.

La rabia de la dictadura militar contra la compañía, dice Salcedo, empezó algunas semanas antes del ataque a la carpa. Quizás, el 18 de febrero de 1977 cuando estrenaron la obra Hojas de parra, salto mortal en un acto. Se trata de un montaje teatral inspirado en varios textos que facilitó el mismísimo Nicanor Parra. “Este trabajo se preparó de la misma forma que todas las obras. Con Jaime nos pusimos hacer esto después de hablar con Nicanor, que nos puso a disposición toda su obra”, cuenta Salcedo.

Algunos textos eran inéditos y el propio Nicanor Parra participó en la supervisión del primer borrador de la obra. Jaime Vadell, en una entrevista realizada en 2013 por la página web de la Fundación Teatro a Mil, lo recuerda con claridad: “Ese montaje no sólo tiene algunos poemas de él. Le llevamos una primera versión y nos agarró a chuchadas, literalmente. Pero la segunda edición le pareció bien y agregó algunas cosas graciosas. Nos apoyó mucho”.

El 18 de febrero no había mucha gente en las tribunas en el preestreno de la obra, pero aun así fue un éxito. “La gente se pasó el dato y pronto las funciones se hacían a sala llena”, recuerda Salcedo.

Pero… ¿en qué consistía la obra? El mismo Salcedo lo explica: “La base dramática consistía en un circo colindante con un cementerio. Este circo estaba en pésimas condiciones económicas y al lado, el cementerio estaba en plena expansión. Tal es así que durante todo el espectáculo, el cementerio invade al circo. Durante la obra aparecían varios componentes políticos, muy relacionados con la realidad que vivía el país en ese entonces”.

A lo largo del montaje, Mister Nadie, un aspirante a Presidente de la República, va realizando promesas de campaña. “Y ahora con ustedes, el abanderado del pueblo: ¡Nadie en persona!”, reza el guión de la obra. Luego, Mister Nadie entra en escena acompañado por una banda musical del circo. Acto seguido y la multitud lo ovaciona.

-“¿Quién solucionará sus problemas?”, pregunta el candidato. -“Naaaaaaaadie”, responde la multitud.

-“¿Quién defenderá los Derechos Humanos?”, vuelve a preguntar. -“Naaaaadie”, dicen todos.

Al final, el público extasiado proclama al candidato: “¡Nadie Presidente! ¡Nadie Presidente!”.

“Infame ataque al gobierno”

Todo iba bien. Pero el 28 de febrero -diez días después del estreno de la obra- el diario La Segunda supo del montaje y publicó un artículo titulado: “Infame ataque al gobierno”. La elevada convocatoria de Hojas de Parra, había despertado sospechas. Después de eso, empezaron los problemas. “Hubo mucha polémica. Nos clausuraron tres veces. El Servicio Nacional de Salud decía que teníamos problemas de salubridad en la carpa. Igual, siempre nos arreglábamos para solucionar estos problemas. Sabíamos que nos querían joder”, dice Salcedo. El argumento del Servicio Nacional de Salud es que en la carpa faltaban los servicios básicos de higiene, lo que no era del todo cierto.

La dupla Vadell-Salcedo solucionó los inconvenientes, pero luego vino otro revés. El alcalde designado de Providencia en ese entonces, Alfredo Alcaíno, decretó que la carpa no podía volver a abrir sus puertas hasta nuevo aviso. Vadell recuerda que “sabíamos que estábamos haciendo una cosa pesadita y los tonis estaban asustados y no querían hacer el número, hasta que uno dijo que él tenía la solución: que en vez de militares, apareciera el batallón de Pancho Villa. Era lo mismo, entonces salían disfrazados de mexicanos y decían ‘Atención batallón de Pancho Villa march…’, pero en vez de decir vez ‘march’, decían ‘mamar’ y empezaba la tanda” [i].

Salcedo cuenta que “a pesar de todo no teníamos miedo. Éramos jóvenes. Viéndolo ahora, con cuarenta años de diferencia, me doy cuenta que pudimos habernos expuesto a algo terrible. Pero en ese momento, obviamente no pensamos eso… Si no, no lo habríamos hecho”. Decididos a resolver el problema, los actores solicitaron una audiencia con el alcalde Alcaíno. Estaban esperando una respuesta cuando incendiaron la carpa a principios de marzo del año 77.

“Me llamaron temprano a la casa. Ya no recuerdo quién, pero era para avisarme que fuera urgente a Marchant Pereira. Cuando llegué, me encontré con Jaime y vi lo que había pasado. Fue un momento terrible”, recuerda Salcedo.

El ataque se produjo durante la madrugada, en horario de toque de queda. De los responsables del atentado, nunca hubo siquiera alguna pista. Hojas de Parra, alcanzó a ser presentada sólo en contadas ocasiones. Después del éxito que tuvo en aquellas escasas presentaciones de 1977, curiosamente nunca más volvió a ser llevada a las tablas. “No sé exactamente por qué. Creo que es porque es un montaje muy caro para montar. Esto se hacía en la carpa, que era enorme y había, entre el personal de producción y de gente de circo, más nosotros… como 30 o 35 personas. Ese ha sido el gran freno cuando alguien se ha interesado”, explica Salcedo. (Nota del redactor: hace algunos años, la obra sí volvió a realizarse).

Jaime Vadell y José Manuel Salcedo acusaron el golpe. “Después de lo que pasó con nuestra carpa, pasamos a ser una especie de parias y terminamos haciendo teatro en la Sala Parroquial de Lo Barnechea. Y en ese tiempo, ir a Lo Barnechea era como ir a Farellones. Fue una especie de exilio. Pero seguimos trabajando. Ahí hicimos una obra que se llamaba ‘Una pena y un cariño’. Luego ‘La República de Jauja’ de Juan Rafael Allende y después de eso, creo que no pude seguir. Después él (Jaime) se trasladó a Bellavista”, lamenta Salcedo.

-¿Cómo fue la experiencia de trabajar Hojas de Parra directamente con Nicanor?

-Fue algo tremendamente enriquecedor. Él estuvo muy cerca del trabajo que hicimos. Es difícil agregar más cosas de las que ya todo el mundo ha dicho sobre Nicanor Parra. Su importancia y trayectoria, la influencia que ha tenido sobre la poesía chilena y fuera del país, son cosas ampliamente conocidas. Desde mi experiencia, al haber trabajado directamente con él, puedo decir que es una persona genial. Alguien superior. De un talento y creatividad superlativa. De una energía intelectual extraordinaria y esas son las cualidades que pude apreciar.

[i] 2 DONOSO, Claudia. Entrevista a Jaime Vadell. Revista Paula. 2006. Pag 61.
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